domingo, 1 de junio de 2014

Un corazón de madera

El amor... aquel sentimiento que mueve al mundo, que da vida, pero también... muerte.

Al sur de las altas montañas de Irlanda, cerca de un pequeño y humilde pueblo, yace un bosque mágico, el cual vive hace más de mil años, un bosque Celta. Al interior de él, en su centro hay un gran árbol, de una gran corteza y altas ramas, las cuales permiten que este pueda ser observado de cualquier lugar, ya que sobresalía del resto a su alrededor. De su corteza, desprende una luz incandescente, dolorosa a los ojos de quien es bien amado, placentera para quien sufre, pues aquella luz tiene la capacidad de entregar calma al corazón que llora, y aquel que sufre puede no volver a hacerlo, pero a un alto costo, un corazón de madera...


Angelique, era una joven muchacha, que vivía con sus abuelos. Físicamente era hermosa, tez blanca, cabello oscuro como el azabache y sus ojos como el más puro de los chocolates, esbelta y rosadas mejillas, mas no tenía una hermoso estado emocional... dolor y sufrimiento yacía día a día en su corazón, por un hombre que la dejó, la abandonó por otra mujer. El gran amor de su vida le había roto el corazón...

Ella vivía muy cerca de aquel mágico bosque Celta, por lo que cada día se convencía más de entrar en él, sin escuchar a sus abuelos, quienes le advertían de lo peor...

Eithan, un hombre de no más de 27 años. Vivía solo hace más de un mes, tratando de olvidar a aquella traidora mujer que por dinero lo cambió. Un hombre fornido, tez pálida y rubia cabellera, ojos claros como la avellana se disponía a entrar en aquel místico bosque que curar su dolor podía, mas tampoco sabía que dicha cura era irreversible.


Según lo escrito por los Celtas, cada mes, en la tercera semana, el paso que bloquea la entrada al bosque se abrirá dejando entrar a los trágicos amantes para otorgarles un bien, o un mal.


En la segunda semana del mes de Agosto, Angelique se preparaba para entrar al bosque y terminar por fin con su dolor y a pesar de que su abuela sabiamente, cada día le repetía "deja que el tiempo haga lo que tenga que hacer", ella no la escuchaba, solo pensaba en el camino más rápido.


A las 00:00 horas del último día de la segunda semana, la entrada al bosque comenzó a abrirse. Solo unas horas después, dos personas se acercaban, encontrándose en la entrada. Eithan y Angelique se miraban directamente a los ojos, despidiendo de sus cuerpos una energía única y armoniosa.


-Buenas noches bella dama, Eithan, para servirle- dijo el hombre, estirando su mano en forma de saludo y cortesía.


-Muy buenas noches no creo que sean señor si ha de estar usted aquí, Angelique, un gusto- contestó ella, correspondiendo al saludo.


Al cabo de pocos minutos, ambos ingresaron en el oscuro bosque. Al pasar de las horas, ninguno de los dos emitía una singular palabra, por vergüenza al saber que ambos iban por el mismo destino.


Luego de haber pasado cuatro horas de caminata, él decidió entablar conversación y a pesar de que ella no respondía a lo que el joven decía, continuaba hablando.


Ya cansada de que su acompañante hablara sin parar, ella quiso hacer algo para que dejara de parlotear, solo deseaba pensar y adentrarse en la decisión que estaba tomando al acercarse cada vez más al centro de aquel mágico lugar.


-Me abandonó por mi hermana... el hombre que yo amaba me dejó por mi hermana... me rompió el corazón y por eso es que me dirijo al árbol- dijo Angelique mientras miraba directamente a lo más profundo del camino.


Eithan no sabía que responder a ello, no esperaba que la muchacha dijera tal cosa, por lo que solo pudo articular un "lo siento..."


Al ver aquella reacción, la chica quedó extrañada, él parecía triste...


-¿Qué haces aquí?- Preguntó mirando fijamente a su compañero.


-La mujer... a la que amaba, se fue con otro tipo, que tenía mucho más dinero que yo, mejor calidad de vida, pero menos amor del que yo le podía entregar... mi mejor amigo...- contestó observando como las copas de los árboles se mecían en son de la brisa.


-Tienes frió...- Especuló Eithan


-Sí, un poco- Y al escuchar aquella respuesta, como todo un caballero, extendió uno de sus brazos para darle paso a Angelique y que pudiera abrigarse bajo su capa. Con un poco de miedo, ella accedió, posando una de sus delicadas manos en el torso de aquel masculino hombre que le ofrecía cobijo, sintiendo como su corazón latía al misero roce de ella.


Mientras más se acercaban al centro de aquel bosque, ambos se cuestionaban, pensaban que quizá ya habían encontrado a ese digno ser que merecía ser dueño de su amor.


A lo largo del resto de camino que les iba quedando, una relación especial se había creado, ambos comenzaban a ilusionarse con el otro y al final del sendero, ambos habían comprendido que estaban tomando una decisión muy drástica. 


Se hallaban frente a aquel imponente árbol brillante. Tratando de tomar una de las dos opciones que tenían, llegó un instante en el cual ambos se miraron fijamente a los ojos y supieron que deberían estar juntos. Se tomaron de las manos y a cada segundo que pasaba, sus rostros se acercaban más el uno a otro. Aquel ansiado beso... nunca llegó.


-Angelique...- Otra persona estaba tras de ellos, por lo que al reconocer aquella voz, Angelique no dudo en voltearse.


-¿Jack?- Preguntó extrañada de ver al hombre por quien estaba en aquel lugar.


-El mismo... sé que te sorprendes, pero cuando tu abuela me dijo lo que ibas a hacer, no dudé ni por un minuto en venir a detenerte, no lo hagas, yo sé que me equivoque y entendí que es a ti a quien amo...-


Tras escuchar aquellas palabras, Angelique corrió a sus brazos, olvidando a Eithan, quien solo observaba como una nueva oportunidad de amar se iba.


Cuando Angelique y su pareja ya no estaban a la vista, Eithan dio la media vuelta y retorno el rumbo al árbol. Ya frente a este, posó una de sus manos en la brillante corteza, de donde una letras comenzaban a aparecer. Dichas letras recitaban...


"Un corazón de madera, yo te voy a fabricar... para que no sufras, para que no sientas, para que no sepas lo que es llorar...". Al momento en el cual el brillo llego a la palma de su mano, la luz de sus ojos desapareció, dejando aquellos hermosos luceros opacos y sin vida, ya que su palpitante corazón había sido reemplazado por uno de madera, llevándose todas las ilusiones que algún día aquel bello hombre pudo tener...

Una pequeña semilla

Una vieja en el cuerpo de joven, con gustos de décadas pasadas, sentimientos profundos, que van y vienen en solo algunos segundos. Una Araucaria mal tratada, que a pesar de todo sigue creciendo, asombrando a todo aquel que de su historia ha ido sabiendo.

Mi vida, sujeta a problemas y tristezas, llena de oscuridad y soledad, cual caverna en un monte, sin ningún animal cerca para poder divisar. 18 años de pruebas, que el todo poderoso me envía, doy las gracias por la fuerza que tengo, ya que de no tenerla, sin duda aquí ya no estaría.

Mi nombre... es distinto, creo que me identifica, no es común, no es simple, y a pesar de no ser largo, realmente me impresiono al pensar que por fin me haya gustado.

Como una semilla he comenzado, cada día con agua me fui alimentando, con luz de sol me fui abrigando y el silencio de la noche ayudaba a que los sueños fueran llegando. El querer ser feliz, el querer ser amada, el tener familia propia es lo que cada día soñaba.

Al pasar de los años, la semilla fue creciendo, tornándose en un árbol, el cual el sufrimiento seguía atrayendo. Más días,  más noches y los problemas no se esfumaban, impidiendo tener al árbol lo que más anhelaba.

Poco a poco, el árbol fue decayendo, más no dejó de luchar, por que su vida terminaría perdiendo... pero en la noche una luz sus hojas iluminó, entregándole por fin lo que siempre deseó.

Al fin lo había encontrado, un amor verdadero al árbol le había llegado, esa estrella es quien me cuida, quien un poco de felicidad entregó a mis días. Me llamo Savka, la vieja en cuerpo de joven, a quien el brillo de la esperanza iluminó dándole fuerza para espantar todo lo oscuro y luchar por el sueño de ser un gran árbol con mi estrella, con mi amado...